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Debo reconocer que para las despedidas yo no
me adapto al modelo impuesto por el mundo.
Quizás muchos pensarán que es un acto de
cobardía, eso de no dar la cara, de no decir
las cosas frente a frente; de no encarar la
situación y esbozar unas últimas palabras o
emitir algún gesto como: el abrazo, el
apretón de manos o el beso. Pues yo pienso
todo lo contrario: creo que es un acto de
libertad, y de respeto hacia uno mismo.
A mi no me gusta dar explicaciones sobre las
decisiones que tomo y dejo de tomar, no me
gusta tampoco que me interroguen al
respecto, como suele hacer todo el mundo.
Cuido mi intimidad; si tengo que hablar, lo
hago con quienes “yo elegí” revelarles mi
corazón y no… con cualquiera.
Mi alma, un libro cerrado… (aunque no lo
parezca)
Mucha gente, al conocer todos los por
menores de tu vida, se cree con derecho a
opinar, juzgarte y decirte lo que tenés que
hacer. Hasta incluso, creen que si les
confías algo, es porque precisas una
solución de su parte (cuando en realidad no
siempre es así), y sin demorarse mucho,
tratan de brindártela hasta el punto de
forzarte a aceptarla. Yo, no estoy de
acuerdo con esos parámetros.
Si las personas que se cruzan conmigo en el
camino, pudieran desarrollar su capacidad de
“escucha”, se darían cuenta, tan solo con
mis actitudes, miradas o gestos: si estoy
interesada o no, en compartir, algo de mi
vida con ellos.
Una vez leí un proverbio, que decía así: “No
hay peor tonto, que el que revela sus
propios secretos”. Y créanme, que es verdad.
Yo… no sirvo para eso. Mi alma no es un
libro abierto. Si lo fuera, muchos ya le
habrían arrancado varias páginas y arruinado
la cubierta.
Tu experiencia
He venido a este mundo con una
espiritualidad que está en mis genes. Me
siento muy a gusto con mi forma de ser y no
pienso cambiar según tus valores, aunque me
pierda de cosas y de oportunidades.
No puedo cambiar, porque no lo deseo. Porque
me quiero como soy y estoy en paz conmigo
misma. El día que desee modificar algo sobre
mi personalidad, resultará como decisión, de
alguna meditación o reflexión profunda; y
no, de simples y humanos consejos, de
personas, que poco saben sobre mi vida.
Tu experiencia me sirve cuando me emociona,
cuando aprendo algo de ella, cuando me deja
una moraleja. De nada servirá que me narres
tu historia como la novela más vendida. No
insistas, no soy tu espejo, cuando quiera
aprender algo de vos, yo misma podré verlo.
Tu ejemplo será entonces, otra aula de la
escuela a la que asisto.
Mi libertad
De por sí, soy libre. Cuando me persiguen,
me presionan, me acosan… desaparezco como
por arte de magia. Ya sea de un trabajo o
una amistad asfixiante. Si es necesario,
renuncio a un sueldo, aunque no tenga con
qué alimentarme; porque el estómago lo
llenaré en horas o días, pero mi alma…
tardaré meses o años, en repararla.
No me gusta sentirme atada a las personas,
salvo que haya sido mi voluntad.
Nada es para siempre, ni yo... le pertenezco
a nadie.
Disfrutá de los momentos que pasas a mi
lado, como yo disfruto tanto de los tuyos...
porque el mañana no existe, y el futuro,
solo es un sueño.
Hoy estamos, juntos, hoy tomamos mate y
hablamos de la vida. Hoy somos amigas y
amigos, amantes o vecinos. Hoy compartimos
una puesta de sol o una comida.
Hoy te hablo y me escuchás (es lo que creo).
Hoy me hablás y te escucho... (siempre hago
eso) Hoy todo es posible, si vos querés y yo
quiero...
Hoy es el día en que la eternidad, se olvida
de las despedidas.
Así que,
no perdamos el tiempo,
en poseernos...
Otras almas
El sufrimiento es parte de la vida como
también lo es el amor. Pero si percibo que
un alma puede lastimarme, o quizás...
lastimarla yo; suelo marcharme, y en algunas
situaciones, sin decir adiós.
No quiero más dolor, del que ya he
sentido...
¿Defecto o virtud? Solo lo sabe Dios.
Sí, con los íntimos y especiales
Cuando decido salir de la vida de alguien,
simplemente salgo y punto. No suele haber
una despedida formal. Voy avisando de a
poco, metafóricamente, que estoy por irme…
Si me entienden, con pocas palabras, tal vez
en un futuro vuelva. Pero si no logran
entenderme, me perderán para siempre.
Cuando procedo de esta manera, es para
respirar un poco de aire... dando así otra
oportunidad, a ese ser, de conocerme.
Solo a los íntimos y especiales, les hablo
con claridad y si decido irme: me despido
con un abrazo, un aprentón de manos o un
beso; como cuando me despedí para venirme a
España.
Todos en paz
Sé como soy, a nadie le pido que me
comprenda, porque no lo necesito y además,
si trataran de hacerlo, perderían su tiempo
“rompiéndose la cabeza”. Como no quiero que
terminen hospitalizados por mi culpa o
visitando a un psiquiatra, les aconsejo que
si al día de hoy no han podido empatizar un
poco conmigo ni conocerme, no gasten sus
fuerzas tampoco en intentarlo.
Lo único que deseo es que sepan algunas
cosas, así quedamos todos en paz, y a esos
efectos he inaugurado esta sección, donde
ciertas personas, podrán encontrar una
respuesta a mi silencio....
Suerte y Hasta siempre.
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