Sitio Espiritual de Sinda Miranda

 

 

    4Presentación
    4¿Por qué emigré?
   
4Crónicas (Blog)
   
4El Comienzo
   
4Fuentes de Inspiración
   
4Dulces Placeres
   
4Escritura: mi método
   
4Poesías
   
4Artículos
   
4Reflexiones
    4Una mateada por
   
4Carta para vos
   
4Ya te perdoné
   
4Fotografías
   
4Libro de Visitas
   
4Enlaces relindos
    4Acceso al Webmail
    4Contacto
 

 
 

Carta para vos

Debo reconocer que para las despedidas yo no me adapto al modelo impuesto por el mundo. Quizás muchos pensarán que es un acto de cobardía, eso de no dar la cara, de no decir las cosas frente a frente; de no encarar la situación y esbozar unas últimas palabras o emitir algún gesto como: el abrazo, el apretón de manos o el beso. Pues yo pienso todo lo contrario: creo que es un acto de libertad, y de respeto hacia uno mismo.

A mi no me gusta dar explicaciones sobre las decisiones que tomo y dejo de tomar, no me gusta tampoco que me interroguen al respecto, como suele hacer todo el mundo. Cuido mi intimidad; si tengo que hablar, lo hago con quienes “yo elegí” revelarles mi corazón y no… con cualquiera.

 

Mi alma, un libro cerrado… (aunque no lo parezca)

Mucha gente, al conocer todos los por menores de tu vida, se cree con derecho a opinar, juzgarte y decirte lo que tenés que hacer. Hasta incluso, creen que si les confías algo, es porque precisas una solución de su parte (cuando en realidad no siempre es así), y sin demorarse mucho, tratan de brindártela hasta el punto de forzarte a aceptarla. Yo, no estoy de acuerdo con esos parámetros.

Si las personas que se cruzan conmigo en el camino, pudieran desarrollar su capacidad de “escucha”, se darían cuenta, tan solo con mis actitudes, miradas o gestos: si estoy interesada o no, en compartir, algo de mi vida con ellos.

Una vez leí un proverbio, que decía así: “No hay peor tonto, que el que revela sus propios secretos”. Y créanme, que es verdad.

Yo… no sirvo para eso. Mi alma no es un libro abierto. Si lo fuera, muchos ya le habrían arrancado varias páginas y arruinado la cubierta.

 

Tu experiencia

He venido a este mundo con una espiritualidad que está en mis genes. Me siento muy a gusto con mi forma de ser y no pienso cambiar según tus valores, aunque me pierda de cosas y de oportunidades.

No puedo cambiar, porque no lo deseo. Porque me quiero como soy y estoy en paz conmigo misma. El día que desee modificar algo sobre mi personalidad, resultará como decisión, de alguna meditación o reflexión profunda; y no, de simples y humanos consejos, de personas, que poco saben sobre mi vida.

Tu experiencia me sirve cuando me emociona, cuando aprendo algo de ella, cuando me deja una moraleja. De nada servirá que me narres tu historia como la novela más vendida. No insistas, no soy tu espejo, cuando quiera aprender algo de vos, yo misma podré verlo. Tu ejemplo será entonces, otra aula de la escuela a la que asisto.

 

Mi libertad

De por sí, soy libre. Cuando me persiguen, me presionan, me acosan… desaparezco como por arte de magia. Ya sea de un trabajo o una amistad asfixiante. Si es necesario, renuncio a un sueldo, aunque no tenga con qué alimentarme; porque el estómago lo llenaré en horas o días, pero mi alma… tardaré meses o años, en repararla.

No me gusta sentirme atada a las personas, salvo que haya sido mi voluntad.

Nada es para siempre, ni yo... le pertenezco a nadie.

Disfrutá de los momentos que pasas a mi lado, como yo disfruto tanto de los tuyos... porque el mañana no existe, y el futuro, solo es un sueño.

Hoy estamos, juntos, hoy tomamos mate y hablamos de la vida. Hoy somos amigas y amigos, amantes o vecinos. Hoy compartimos una puesta de sol o una comida.

Hoy te hablo y me escuchás (es lo que creo). Hoy me hablás y te escucho... (siempre hago eso) Hoy todo es posible, si vos querés y yo quiero...

Hoy es el día en que la eternidad, se olvida de las despedidas.

Así que,

no perdamos el tiempo,

en poseernos...

 

Otras almas

El sufrimiento es parte de la vida como también lo es el amor. Pero si percibo que un alma puede lastimarme, o quizás... lastimarla yo; suelo marcharme, y en algunas situaciones, sin decir adiós.

No quiero más dolor, del que ya he sentido...

¿Defecto o virtud? Solo lo sabe Dios.

 

Sí, con los íntimos y especiales

Cuando decido salir de la vida de alguien, simplemente salgo y punto. No suele haber una despedida formal. Voy avisando de a poco, metafóricamente, que estoy por irme… Si me entienden, con pocas palabras, tal vez en un futuro vuelva. Pero si no logran entenderme, me perderán para siempre.

Cuando procedo de esta manera, es para respirar un poco de aire... dando así otra oportunidad, a ese ser, de conocerme.

Solo a los íntimos y especiales, les hablo con claridad y si decido irme: me despido con un abrazo, un aprentón de manos o un beso; como cuando me despedí para venirme a España.

 

Todos en paz

Sé como soy, a nadie le pido que me comprenda, porque no lo necesito y además, si trataran de hacerlo, perderían su tiempo “rompiéndose la cabeza”. Como no quiero que terminen hospitalizados por mi culpa o visitando a un psiquiatra, les aconsejo que si al día de hoy no han podido empatizar un poco conmigo ni conocerme, no gasten sus fuerzas tampoco en intentarlo.

Lo único que deseo es que sepan algunas cosas, así quedamos todos en paz, y a esos efectos he inaugurado esta sección, donde ciertas personas, podrán encontrar una respuesta a mi silencio....

Suerte y Hasta siempre.

 

 

Sinda Miranda

 

 

Todas las imágenes y textos de este sitio son propiedad de Sinda Miranda y sus respectivos autores.
Copyright © 1997-2008 Sinda Miranda. Derechos Reservados. Argentina y España, un solo corazón