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Artículos

El Poder de la Oración

Decidí escribir este artículo, porque todavía hay gente que desconoce la importancia de la oración y los efectos que ésta, puede provocar en su vida.

Rezar, es un acto de humildad y de amor; hacia uno mismo y toda la humanidad.

La oración nos acerca a esas personas por las cuales estamos orando. Nos acerca espiritualmente.

Con la oración, la distancias desaparecen.

Cuando oramos desde el corazón, sentimos empatía hacia quienes son el objeto de nuestra oración. Y nos unimos a su dolor, como también a su alegría.

No hace falta conocer a esa persona ni tocarla, cuando oramos; pero sí, tener abierta nuestra mente y nuestra alma, para poder imaginar lo que está viviendo. Imaginar, y experimentar una inmensa misericordia hacia su necesidad o dolor.

Cuando rezamos por otros, estamos amándolos; y enviándoles una energía poderosa, que sin duda les llegará; y la percibirían como "alivio" o "sanación".

El amor es la medicina para todos los males. El amor sana y resucita.

Las plegarias por los demás, nos enriquecen y nos transforman en personas alegres y generosas.

Orar, atrae un sin fin de emociones y cosas lindas a nuestra vida. Orar nos ayuda a comprender y a perdonar; haciendo más posible una reconciliación. Orar también nos da la capacidad para que podamos aceptar, aquello que no se puede cambiar; por ejemplo: la decisión de los demás.

Orar nos permite ver mejor, y en consecuencia; adquirir un mayor conocimiento sobre las personas y la misma realidad. Somos más sabios cuando oramos.

Cuando reza una persona sola, la oración es igualmente efectiva y poderosa; que si son dos o más. Pero también es lindo rezar en comunidad, con otras personas; porque entonces nuestra oración, tendría una melodía y un eco único, que nos haría sentir en ese mismo instante, nuestras alas agitándose sobre la espalda.

Existen muchas maneras de rezar, cada uno debe hacer la que sienta. Pero en éstas formas, reside la misma clave: Orar con Fe. Orar con el convencimiento de que nuestra oración producirá sus frutos. Orar sabiendo que sucederá lo mejor, para ese ser en cuestión, aunque lo que ocurra sea diferente a lo que pidamos. Orar poniendo la confianza en nuestro Creador, aquel Ser Superior para el cual, todo es posible. Orar visualizando un éxito en un examen, una recuperación en la salud, el hogar con el que sueñan, el bebé que esperan... Orar sintiendo cada una de las palabras que emplearemos en dicha oración. Orar con conciencia. Orar y permitirle a nuestra oración que vague libre por el firmamento. Orar y hacer silencio. Orar y soltar. Orar y seguir adelante con nuestra vida.

En la oración, las palabras no se las lleva el viento. Las palabras, se las queda Dios.

Yo, por ejemplo, tengo mis momentos. A veces rezo espontáneamente; y otras prefiero hacerlo con una Guía (La Liturgia de las Horas), muy rica en textos y meditaciones. Hago las Laudes antes de irme a trabajar, y luego las Vísperas o las Completas, antes de dormirme. Según lo que necesite, elijo el tipo de oración.

Combino también mis intenciones, con la Palabra de Dios; encontrando siempre en ella, Su Voluntad. Leo la lectura del día, y la medito. Otras veces, rezo el Rosario. Me encanta rezar el Rosario de la Virgen Maria, y profundizar en sus misterios.

El Rosario es una oración que me da mucha fuerza. Cuando lo rezo, siento que alguien me empuja para que mi oración se convierta en obras. El Rosario, es un arma poderosa. Un arma de Amor, que nos fortalece y nos pone en movimiento.

Rezo además, la Coronilla de la Divina Misericordia, tal como Jesús se la enseñó a Santa Faustina. "Faustina significa FELICIDAD". Cuando rezo la coronilla, medito la Pasión de Jesús; y generalmente ofrezco mis Coronillas por los enfermos y agonizantes; pero también por los que están pasando un mal momento.

Rezo con la naturaleza, en el Sol veo a Dios; y en la luna a la Virgen.  Rezo con el cielo gris y pido... Y con el cielo celeste, agradezco... Rezo frente al mar y con los pies sobre la tierra. Rezo con los colores: el blanco es la paz, el verde la esperanza, el rojo es el amor, el naranja la alegría, el amarillo la intuición; el azul, la profundidad del alma...

Rezo con mi guitarra, cantando una canción. O con mi pianica (melódica), entonando una melodía.

Rezo por la calle, en el ascensor, cuando hago las compras, en el trabajo, cuando conduzco mi coche. Rezo, casi todo el tiempo.

Cuando por la noche, mi mente está inquieta pensando en las preocupaciones del día o el mes siguiente; también rezo... le entrego todo a Dios y me quedo dormida. 

La oración, con el ejercicio físico también es efectiva. Esto lo aprendí en un Taller de Oración del P. Ignacio Larrañaga. Más adelante, lo practiqué con el yoga. Respirar bien, favorece a la oración; porque relajamos al cuerpo, la mente y al corazón; haciendo que todo él mismo, se convierta en un templo de oración.

Rezo con mudras (gestos con las manos, ej: las palmas unidas en gesto de oración o bien reposando sobre las piernas, hacia arriba... etc) y mantras (palabras o frases que inducen a un estado más profundo de meditación y comunión, al pronunciarlas).

Amen (latín) significa Así sea.

Abbá (arameo) significa Padre

Dom significa Dios Omnipotente y Misericordioso (sigla en la Capilla de las Hijas de San Pablo - Buenos Aires)

Maran atha  (arameo) significa El Señor viene.

Marana tha  (arameo) significa ¡Señor, ven!

Señor mío y Dios mío

Hosanna en el cielo, Hosanna en las alturas. Bendito el que viene en nombre del Señor.

Jesús en vos Confío.

Jesús

Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.

Rezo desde la flor de mil lotos (desde el borde superior de mi cabeza), hasta la punta de mis pies. Resumiendo, rezo con todo mi ser.

Rezo con velas encendidas, también con imágenes para facilitar el encuentro conmigo misma y mi Señor. Quemo incienso. Hago sonar mis campanitas. Cierro los ojos y permanezco en silencio, para escuchar su voz...

En mi oración además de pedir, también agradezco. Siempre hay algo para agradecer: un plato de comida, un trabajo, la sonrisa de un niño, la salud de quienes están sanos. Etc.

Orar nos transforma, desde dentro hacia afuera. Con una oración diaria, espontánea, simple y sincera; nos sentiremos en paz y fortalecidos en nuestra paciencia; para poder aceptar la voluntad de Dios (del Universo, del destino o de quien sea) y así fluir sin más, por el río de la vida.

Que Dios te bendiga.

 

Sinda Miranda

 

Ultima revisión: 24/04/08

 

 

 

 

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