Sitio espiritual de Sinda Miranda

 

 

    4Presentación
    4¿Por qué emigré?
   
4Crónicas (Blog)
   
4El Comienzo
   
4Fuentes de Inspiración
   
4Dulces Placeres
   
4Escritura: mi método
   
4Poesías
   
4Artículos
   
4Reflexiones
    4Una mateada por
   
4Carta para vos
   
4Ya te perdoné
   
4Fotografías
   
4Libro de Visitas
   
4Enlaces relindos
    4Acceso al Webmail
    4Contacto
 

 

¿Por qué Emigré?

Los preparativos para el viaje
Temores y Expectativas
Etapas de mi peregrinaje
Espiritualidad del camino
 

¿Por qué emigré?

La decisión de partir y mi padre Saúl Miranda

 

Mi Sueño...

Ya, desde pequeña, anhelaba vivir en un lugar que tuviera mucho de naturaleza y de paz.  Por mi forma de ser: contemplativa y solitaria, preciso de un espacio así, para poder desarrollarme espiritual-mente y expresar de alguna manera creativa, todo lo que mi alma quiere contar.

Siempre soñé con montañas, campos verdes, y el horizonte sobre el mar. Soñé con el ruido de las hojas cuando sopla el viento, el aroma de los campos, y el canto de las aves que vuelan libres ante quienes las pueden ver o imaginar. Soñé también con inflamar mis pulmones pequeños, con el aire puro y fresco que la ciudad no me da.

Salí en busca de todo eso, como buena cazadora de sueños que soy, los cumplí en cierta manera, los disfruté  poco tiempo: lo que duraron muchos veranos y una luna de miel. Pero lo vivido no sació mi sed ni calmó mi ansiedad; permanecieron y se intensificaron las ganas de más, de concretar un objetivo, de alcanzar una gran meta, de convertir mi sueño en una realidad.

Si yo no avanzo cuando se van dando los medios, si por el contrario surge el temor o la inseguridad y me detengo, lo único que hago es demorar el momento al que inevitablemente tenderá mi vida al final: España. Como dicen muchos: “estaba escrito”, “es el destino”, “se tenía que dar”.

Sumando a mi decisión, el punto de vista de mi marido: “Antes de sumergirme a la piscina, solía tocar el agua con la puntita del pie para ver si estaba fría, al confirmar mi pensamiento, temía al frío y me costaba más introducirme en ella; pero ahora se que si me tiro de cabeza, sin pensar en la temperatura del agua, el frío que sienta cuando me cubra, pasara enseguida y la comenzaré a disfrutar...”

Pese a que el refrán tradicional es distinto, (por lo general muchos consideran que si se arrojan a la pileta, la misma puede estar vacía), y a veces como producto de este pensamiento: no se arriesgan por temor a lastimarse, o a perder algo... no importa qué; nosotros, (Gustavo y Sindi), creemos que "la piscina siempre tiene agua, es el pesimista quien no la puede ver".

 

El Sueño de mi marido

Gustavo soñaba con cambiar su vida completamente. Estaba muy angustiado con la situación que se vivía en el país (argentina). Solo necesitaba un empujoncito, para dar ese gran salto.

 

1ª Respuesta

Nos fuimos, porque verdaderamente veníamos soñándolo mi marido y yo, desde principios del 2000 y mucho antes también. Fue una decisión puramente personal, que muy poco tuvo que ver con la cuestión económica del país; aunque el habernos quedado los dos sin trabajo, nos favoreció bastante a la hora de dar este paso.

 

El  Dolor de ya no ser

El Barrio de Barracas, era un verdadero polígono industrial. Como los que hay acá en Gijón o cerca de Oviedo. Y además de tener muchas empresas importantes, daba trabajo a miles de argentinos. Poco a poco, ese barrio fue perdiendo todo su esplendor, las empresas quebraron,  la gente se fue mudando hacia otras zonas a medida en que aumentaban las villas (barrios de gente muy pobre), a su alrededor.

Yo viví durante dos años en Luzuriaga y Santo Domingo. Tenía para entonces, 9-10 años de edad. Me encantaba esa zona de Barracas, porque estaba cerca del restaurante de mi papá; al colegio lo tenía enfrente, y ya sea por la izquierda o por la derecha, había dos plazas donde ir a jugar. Mi preferida: El Parque Pereyra.

Sobre Luzuriaga mi abuelo Andrés me enseñó a andar en patines. Y justo en la esquina donde Luzuriaga cruza con Santo Domingo, una noche vieja, Quique me dio mi primer beso. Un beso de verdad! Un beso apasionado.

El tiempo de esplendor económico, había caducado en el segundo gobierno de Menem. Su política había destrozado a la mayoría de los argentinos. Habían menos ricos amasando mayores fortunas, y millones de pobres en altísimo grado de indigencia. La clase media desaparecía, la alta se reducía y la inferior aumentaba a pasos acelerados. Un verdadero desastre.

Mi padre, sobrevivía. No le quedaba nada, ni siquiera el restaurante donde vivía y trabajaba. Él era su encargado, pero hacía meses que no podía pagar el alquiler ni afrontar los gastos típicos como la luz, el agua, el gas y el teléfono.

Sin embargo, inteligencia y astucia nunca le faltó, y supo hacerse con los servicios y productos que necesitaba; mientras continuaba su lucha con el dueño de la propiedad donde estaba el restaurante.

Tiempo atrás... mi padre Saúl Miranda, había manifestado su deseo de volver a la tierra que lo vio nacer, para morir allí.

Decía que estaba esperando cumplir los 67 años para regresar, porque al parecer, a partir de esa edad el pasaje para retornar a España, era gratis.

"EL DOLOR DE YA NO SER. Barracas fue polo industrial, pero de eso ya no queda nada". Mi papá fue entrevistado por un programa de televisión, porque era uno de los pocos comerciantes gastronómicos que todavía (a pesar de la crisis del país), se mantenía en pie después de casi 30 años. Barracas, fue el barrio donde más tiempo estuvo, dado que allí tenía su restaurant, que se llamaba ASTURIAS.

El, como no pudo hacerse la América, no quería volver con las manos vacías, ya que intuía  que algunos miembros de su familia asturiana lo iban a juzgar mal.

Su tesoro más preciado, quizás su carta de recomendación para no ser rechazado: éramos mi marido y yo. Pero principalmente yo.

 

El Sueño de mi padre

El sueño de mi padre era regresar a Asturias, trabajar sus fincas, crear una sidrería en sociedad con mi marido. Y vivir los tres juntos. Incluso, ya tenía pensado dónde podíamos construir una casita. Cuando todavía estaba bien de salud, me dijo: "Con una habitación para mí, yo me conformo... y tú, tú... no trabajarás. Te dedicarás a la poesía. Gustavo y yo nos ocuparemos de todo lo demás".

El 18 de diciembre del 2002, a la edad de 67 años, mi padre abandonó la Argentina, y con pasaje de retorno gratis, hacia su hogar celestial. La Embajada de España en Buenos Aires, lo asistió durante todo el proceso de su enfermedad y se ocupó también de hacer descansar sus restos, en el Cementerio de la Chacarita (Buenos Aires - Capital).

 

2ª Respuesta

Estoy en España por mis sueños y por el sueño de mi padre. Él, de alguna manera regresó a su tierra, a través de mí. Lo traje escondidito dentro de mi corazón (y en mi sangre).

Tal es así, que cuando llegamos a España en mayo del 2003, la primera vez que pisé Asturias, le dije: "¡Papi, ya llegamos!" y la emoción fue tan intensa, que sentí como llorábamos los dos...

Sinda Miranda

 

 

 

Todas las imágenes y textos de este sitio son propiedad de Sinda Miranda y sus respectivos autores.
Copyright © 1997-2008 Sinda Miranda. Derechos Reservados. Argentina y España, un solo corazón